Huele a cítricos y es indetectable con los sistemas tradicionales de análisis. Su consumo se extiende entre los jóvenes, que la consiguen con un simple clic en internet. Sus efectos son devastadores. Se llama Spice y ya ha llegado a España. Por Priscila Guilayn

Un día cualquiera, a las once de la mañana, frente a un Instituto de Palma de Mallorca. Un grupo de chicos -todos menores de edad- fuma una droga de diseño cuyo consumo en España aumenta de forma preocupante. La llaman ‘spice’, ‘especia’ en inglés, conocida también como ‘marihuana sintética’.

Tres se desploman. Dos de ellos sufren convulsiones. Cuando llegan las asistencias, los chavales se resisten. Están alterados; no quieren entrar en la ambulancia. Pese a su oposición, acaban en urgencias del Hospital Universitario Son Espases.

Una vez allí, con un cuadro de taquicardia y sensación de pánico, se les toma una muestra de orina; y los médicos estrenan un caro y complejo análisis de laboratorio. la cromatografía, un método que separa los distintos componentes de una mezcla para identificar la causa de la intoxicación. Cuatro horas más tarde, el resultado da positivo: spice. «Se lleva consumiendo desde hace unos años en España. Lo sospechábamos, pero no lo podíamos confirmar», revela Jordi Puig Uriguer, médico de urgencias y coordinador de la unidad de toxicología del Son Espases.

La droga entra en España sin problema. No está incluida en la lista de sustancias prohibidas. Incluso paga aranceles

El hospital balear y el Clínico de Barcelona -que ha implantado recientemente otra técnica, la inmunoenzimática, que también revela la presencia de la sustancia- son los únicos centros españoles capaces de detectar esta droga salida de laboratorios clandestinos. «Es un análisis diez veces más caro que los test de drogas habituales», explica Santiago Nogué, responsable de la unidad de toxicología clínica del hospital catalán. La inversión, sin embargo, parece necesaria.

Jóvenes con visión perturbada de la realidad, rojez facial, pupilas dilatadas, presión arterial y temperatura corporal elevadas venían siendo atendidos en urgencias en los últimos años sin que los médicos pudieran obtener un diagnóstico conclusivo. «Veíamos trastornos de conducta, de agitación, de delirio, de paranoia, inexplicables en la población joven -cuenta Puig Uriguer- . No se justificaban, porque cuando hacíamos los análisis de orina no aparecían los tóxicos habituales».
De hecho, la incapacidad para revelar su presencia en las analíticas, junto con el aroma afrutado que desprende cuando se fuma, permite al usuario pasar inadvertido, a diferencia de lo que ocurre con la marihuana natural o el hachís. Esta ‘invisibilidad’ es, precisamente, uno de los atractivos de esta droga emergente considerada extremamente adictiva y peligrosa. La facilidad para adquirirla es el otro elemento determinante que está permitiendo que se extienda entre los jóvenes.

Una droga que se vende con más de 500 nombres distintos

El spice se vende por Internet o en grow shops, tiendas que venden semillas y accesorios para el cultivo de cannabis. Son comercializadas como incienso o ambientador para coches, bajo más de 500 denominaciones. spice, K2, Scooby Snacks, Fuego de Yucatán, Bizarro, Monkees: Three Amigos, Kronic, Genie, Bombay Blue…; con diferentes variedades: Standard, Blonde, Summit… y diversos sabores. Los precios varían entre los cinco y los veinte euros, más otros diez aproximadamente de gastos de envío. El consumidor recibe en su buzón unos sobres cerrados herméticamente, de colores metálicos, con spice suficiente para tres porros. «Para el crimen organizado, Internet tiene la ventaja del anonimato, así como la posibilidad de hacer treinta carambolas hasta que la mercancía llega a su destino final», explica un alto mando de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Policía Nacional.

Solo dos centros sanitarios, uno en Baleares y otro en Barcelona, son capaces de detectar esta droga

Todo esto en lo que respecta al menudeo, porque la entrada masiva de la droga en España se hace mediante contenedores. Y sin problemas, ya que, al no estar incluida en la lista de sustancias prohibidas, llega desde China y la India como hierbas aromáticas no aptas para el consumo humano. «Se importan legalmente, pagan sus aranceles y no hay nada que objetar -aclara el mando de la Udyco-. Y de ahí va a manos de los distribuidores, que las meten en bolsitas con presentaciones llenas de colorines».

Los sobres contienen hierbas y hojas secas rociadas con cannabinoides sintéticos: sustancias creadas en laboratorio capaces de simular los efectos del cannabis. Tres de las más frecuentes tienen nombres como JWH-18, JWH-73 o JWH-200, acrónimos del químico orgánico estadounidense John William Huffman; el hombre que, en los años ochenta, sintetizó más de 400 cannabinoides como parte de investigaciones científicas para nuevos fármacos. Pero no son las únicas. El baile de letras y números, de hecho, es mareante, con denominaciones como XLR-11, UR-144, PB-22 o AM-2201, entre decenas de creaciones análogas al THC, principal componente activo de la marihuana.

«Se trata de estructuras químicas semejantes a la del cannabis que, con pequeñas modificaciones realizadas en laboratorios clandestinos y creando un sinfín de marcas, consiguen sortear la ilegalidad -aclara el mando antidroga-. Es una estrategia habitual en el mercado del crimen organizado». No por ser legal, sin embargo, dejan de ser perseguidas por la Policía. «Existe la figura del delito contra la salud pública, un concepto que nos permite actuar contra sustancias que causen un grave daño a la salud -prosigue el experto de la Udyco-. Gracias a eso ya hemos detenido narcotraficantes de menor y de mayor escala por toda la geografía española. Porque este no es un problema solo de Baleares; afecta a toda España. Se concentra en Ibiza dos meses en verano, pero el resto del año se sigue consumiendo, sobre todo en la Península».

La policía alerta del consumo progresivo de esta droga en la península

En España, según datos del Ministerio de Sanidad, la droga ha sido consumida «alguna vez» por el 0,8 por ciento de los jóvenes entre 14 y 18 años. «No hay muchos datos estadísticos -aclara el toxicólogo Puig Uriguer-, del hospital mallorquín . Pero nuestra percepción es que el consumo es progresivo, aunque no podemos hablar hoy de epidemia o de un problema grave de salud pública».

Fumar spice es una especie de ruleta rusa, porque el contenido de los sobres es siempre una sorpresa. La cantidad y la calidad del cannabinoide usado sobre las hierbas no siempre son las mismas. Puede ser solo uno, o bien una mezcla de varios; la dosis varía y las pulverizaciones son irregulares, es decir, se pueden impregnar más en unas hojas que en otras. Sabido es, eso sí, que el spice es más fuerte que la marihuana, pero, al ser tan imprecisa su fabricación, es imposible concretar si su potencia es cinco, veinte o, como dicen algunos, cuarenta veces mayor que el cannabis natural. Y cuanto mayor su potencia, mayor el daño en el organismo.

«Puede provocar ataques de corazón y afectar al hígado o al riñón, pero aún no hemos tenido casos entre nuestros pacientes -revela el toxicólogo Santiago Nogué, del Clínico de Barcelona-. Nuestra experiencia se centra en la afectación del sistema nervioso central». Lo que se traduce en crisis de agresividad, palpitaciones, taquicardia, sensación de muerte inminente y cuadros psicóticos. «El consumidor retoma su lucidez mental entre seis y diez horas después, aunque la sustancia pueda permanecer hasta dos semanas en el organismo -explica Nogué, que advierte de un enorme peligro-. el cannabinoide sintético, muchas veces, hace aflorar una enfermedad psiquiátrica que no se había manifestado y que la persona desconocía padecer».

El perfil del consumidor: jóvenes con ganas de cosas nuevas

Por los casos que entran en urgencias, los médicos trazan el perfil del usuario. «Son jóvenes inexpertos con ganas de probar cosas nuevas -revela Puig Uriguer-. Pueden haber probado el cannabis, pero se asustan al ver que el efecto es mucho más potente. Tanto que suelen acabar en el hospital». El susto, en realidad, puede ser mayúsculo; no en vano la lista de psicosis asociadas al consumo de esta droga emergente es larga. En España, por ejemplo, se registró hace dos años el primer caso mundial de psicosis catatónica causada por el spice, con problemas en el aparato locomotor similares a los provocados por el párkinson. La víctima perdió la armonía al caminar; quedó con el cuello, la cabeza y los brazos rígidos y la postura encorvada durante meses.

Fumar spice es una ruleta rusa. La calidad nunca es la misma. Los sobres pueden contener hierbas 40 veces más potentes que el cannabis

Aunque podría ser peor, en países como Estados Unidos o Suecia el consumo se ha relacionado con numerosas muertes por sobredosis y algunos suicidios. Y en Polonia, cerca de mil personas sufrieron envenenamientos tras consumir spice en 2015. «No sabes lo que te espera, porque son fabricadas con métodos clandestinos, en laboratorios clandestinos y en circunstancias clandestinas», insiste el policía. Y no es alarmismo.