Andrew Griffiths adora pasar la noche sujeto a un arnés, de pie sobre los patines de
un helicóptero, mientras dispara sobre grandes urbes como Nueva York o Melbourne a tres kilómetros de altura. Por Fernando Goitia

La recompensa son imágenes como esta. Así lleva quince años, combinando sus dos grandes pasiones -aviación e imagen-, hasta convertirse, con permiso de Yann Arthus-Bertrand, en uno de los grandes de la fotografía aérea.