Presente en platos, suelos, material electrónico y un sinfín de productos, algunos plásticos esconden efectos nocivos que pueden guardar relación con el aumento de partos prematuros, el autismo y la diabetes. Vea todo lo que se descubre, simplemente, dándole la vuelta a una botella. Por Daniel Méndez

Nadie se libra. Ni usted, ni yo ni nuestros amigos, familiares o compañeros de trabajo. El cien por cien de los españoles presenta en su organismo sustancias potencialmente peligrosas que han llegado hasta nosotros a través del aire, el agua o los alimentos. Son los llamados COP o compuestos orgánicos persistentes. Una serie de sustancias de nombres impronunciables para los profanos en la materia (como hexaclorobenceno o hexaclorociclohexano), pero ampliamente utilizadas en la elaboración de pesticidas o en la fabricación de materiales como el PVC. Así lo demostraba un estudio desarrollado en 2007 por investigadores del departamento de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada.

Desde que se produjo el ‘boom’ del plástico, hace más de 30 años, se ha duplicado la cifra de diabéticos.

Su mera presencia no implica un efecto adverso sobre nuestra salud, pues en estos casos sigue mandando el criterio que estableciera, ya en el siglo XVI, Paracelso, el hombre que dio nombre al cinc y el padre de la toxicología. De él es el axioma: «La dosis hace al veneno». Es decir, que una sustancia tóxica puede no ser nociva siempre que se encuentre por debajo de unos determinados niveles en nuestro organismo. Pero la proliferación de este tipo de compuestos químicos en las sociedades desarrolladas llama la atención de un creciente número de investigadores.

El problema radica en dónde fijar el límite. Así, por ejemplo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) dejó establecido en 2007 que la ingesta diaria de bisfenol A (BPA), un compuesto químico utilizado en la elaboración de material plástico, no debe superar los 0,05 miligramos por kilo de peso corporal. El BPA llega a nuestro cuerpo a través de multitud de productos de uso cotidiano, como biberones, botellas de agua o refresco… Y hay numerosos estudios que lo relacionan con enfermedades como diabetes, autismo, malformaciones mamarias o cáncer de próstata.

El problema radica en que el BPA es un disruptor endocrino: imita a los estrógenos femeninos, alterando el sistema endocrino. El trabajo desarrollado por Ángel Nadal, bioingeniero de la Universidad de Elche, y publicado en el International Journal of Andrology lucía un explícito título: «El bisfenol A altera el páncreas endocrino y la homeostasis de la glucosa en sangre», lo que lo relaciona directamente con la diabetes de tipo 2. En sus estudios con ratones de laboratorio, él y su equipo comprobaron que el bisfenol provoca un descenso de los receptores que, desde el hígado, los músculos o el tejido adiposo, captan la insulina. Al mismo tiempo, el páncreas interpreta que su insulina no sirve para metabolizar la glucosa y dispara su producción. Consecuencia: diabetes. Según la OMS, hoy hay más 177 millones de diabéticos en el mundo, el doble que hace 35 años. Casualmente son los años en que se ha disparado la producción y el uso de los materiales plásticos.  Otro problema que ha crecido en paralelo al del consumo de plástico es el de los nacimientos prematuros. Claro está que esto no implica una relación causa-efecto directa, pero un estudio publicado por la Universidad de Míchigan en 2009 sostenía que podría haberla. Los científicos encontraron unos niveles más altos (hasta tres veces más) de metabolitos de ftalatos en la orina de mujeres que habían tenido partos prematuros que en aquellas que habían llevado el embarazo a término. Los ftalatos o ésteres de ftalato son compuestos químicos utilizados en plásticos, productos de aseo y muebles.

El bisfenol A, presente en botellas de agua, imita a los estrógenos de la mujer y altera el sistema endocrino

De la compleja lista de ingredientes que lucen los materiales plásticos, los dos mencionados hasta ahora son los que más preocupan a la comunidad científica. El BPA se utiliza para el endurecimiento de los plásticos. Los ftalatos se usan para lo contrario: incrementan la flexibilidad del plástico, con lo que se han convertido en los ‘reyes’ del PVC y se encuentran presentes también en esmaltes de uñas, juguetes infantiles y en la mayoría de los juguetes sexuales.

Botellas de plastico toxicos

En la proliferación radica gran parte del problema. En nuestro organismo no sólo aparecen disruptores endocrinos como el BPA, sino que éste se combina con otras sustancias de efectos similares, como los alquilfenoles presentes en el agua, las dioxinas e hidrocarburos que respiramos o los pesticidas clorados de las frutas y verduras. Junto con ellos, aparecen los polibromodifenil éteres (PBDE), una clase de compuestos bromados utilizados como retardantes de llama en espumas y materiales plásticos, como la carcasa del televisor o del ordenador. Nuestro organismo puede tardar años en ‘deshacerse’ de estos PBDE. En otros casos, el cuerpo procesa rápidamente los compuestos y los elimina a través de la orina. Así ocurre, por ejemplo, con el BPA. Pero es un material tan presente en nuestra vida que la exposición a él es constante.

Desde 2007, la Unión Europea cuenta con la restrictiva normativa Reach, que regula el procesado y la manipulación de materiales tóxicos. Una novedad importante del texto es que obliga a la industria a demostrar la no toxicidad a determinados niveles de estas sustancias, mientras que en Estados Unidos, por ejemplo, son los organismos públicos quienes deben evaluar el posible daño de estos componentes químicos. Se ha cifrado en 30.000 el número de sustancias químicas que se comercializan a gran escala. Demasiadas para ser abarcadas por cualquier gobierno. En cualquier caso, nuestra vida cotidiana (y nuestra economía) se ha hecho altamente dependiente de los compuestos químicos. ¿No hay alternativa? Buscar un sustituto no es ni fácil ni barato. En cualquier caso, los químicos se afanan en conseguir componentes que no sólo no afecten al organismo, sino que sean respetuosos con el medio ambiente. Todas las esperanzas recaen sobre la biotecnología, que investiga con plásticos formados por bacterias (los llamados PHB), como Azotobacter, unos polímeros que forman la bacteria de forma natural. Provienen de una fuente renovable y son totalmente biodegradables. Suena bonito, pero está todavía muy lejos.

Qué tener en cuenta

Ni podemos ni debemos eliminar el plástico de nuestras vidas. Sin embargo, a falta de resultados concluyentes, conviene tomar precauciones.

¿Policarbonatos en biberones? No! Mejor el vidrio, el polietileno (LDPE) o el polipropileno (PP), reconocibles por sus siglas, visibles, normalmente, en la base del recipiente, “envueltas” por unas flechas en forma de anillo. El acero tiene una ventaja con los peques: no se rompe. Para chupetes y tetinas de biberón, nada de látex: búsquelos de silicona.

A malas… Si el uso de recipientes de policarbonato es inevitable, no caliente la comida o bebida en ellos. Y si les ve síntomas de desgaste, como arañazos, deséchelos.

No reutilice. Las botellas de plástico están preparadas para un solo uso y pueden terminar filtrando antimonio en el agua.

Microondas. Nunca caliente en el microondas las bandejas de poliestireno expandido (el corcho blanco de los supermercados para filetes o fruta). Tampoco utilice el film transparente a la hora de calentar. Caliente lo que sea en platos. Y si lo hace en un tupper, asegúrese de que en su base figura el símbolo que indica que es apto para microondas.

No morder. Los bolígrafos, que somos dados a mordisquear, pueden estar hechos de poliestireno o polietileno. Este último es uno de los plásticos seguros; sin embargo, el primero contiene estireno, un componente que puede actuar como disruptor endocrino. Por precaución, mejor no morderlo.

Polímeros malos…

Los códigos de reciclaje estampados en algunos plásticos (generalmente, en la base), con el número encerrado entre las flechas, ayudan a identificar las sustancias problemáticas.

juguetes de plastico

PVC (3): La ‘estrella’ de los cuestionados

Presente en: juguetes, envases, cortinas de ducha, cañerías… El policloruro de vinilo (PVC) es uno de los químicos más extendidos.

Efectos: es peligroso porque lleva di-2-etilesilftalato (DEHP) y butil benzil ftalato (BBzP). Actúan como disruptores endocrinos y se asocian al asma, las alergias y los problemas en el hígado, los riñones o los huesos.

Poliestireno (ps)(6): Daños al cerebro

Presente en: envases para huevos, vasos y platos de plástico desechable o en envases de comida para llevar.

Efectos: contiene estireno, un disruptor endocrino asociado con problemas reproductivos en la mujer.

Los trabajadores con exposiciones intensas y prolongadas a este material pueden padecer problemas en el cerebro y en el sistema nervioso.

Policarbonato: La guarida del Bisfenol a (BPA)(7)

Presente en: latas de productos alimenticios, recipientes reutilizables para comida y bebida, biberones, DVD, y otros productos domésticos.

Efectos: lo relacionan con la diabetes, el autismo, malformaciones mamarias o el cáncer de próstata.

Expertos del Reino Unido demostraron que la presencia en altas dosis de BPA aumenta el riesgo de enfermedad cardiaca o hepática.

…Y buenos

Tereftalato de polietileno (1): Ignífugo, pero…

Presente en: envases de cerveza, zumo, leche, agua, detergentes…

Efectos: el PET retarda la posible combustión de los plásticos. Sólo en altísimas dosis puede provocar problemas respiratorios y cutáneos.

Polietileno Alta densidad (2): Sin efectos colaterales

Presente en: envases opacos o en bolsas de basura.

Efectos: apenas se registran. Está considerado como uno de los polímeros menos nocivos de todos con los que entramos cotidianamente en contacto.

Polietileno baja densidad (4): La bolsa de la compra

Presente en: bolsas de plástico (España es el mayor productor europeo y el tercero en consumo), envoltorios de plástico o botellas.

Efectos: es también uno de los considerados compuestos ‘seguros’.

Polipropileno (5): Un rígido flexible

Presente en: principalmente, en envases semirrígidos, como los de kétchup o yogur.

Efectos: es también bastante ‘seguro’ para la salud, algo de agradecer dada su extendida presencia en biberones.


PARA SABER MÁS

LifewithoutplasticAmplia información sobre los efectos de los químicos en nuestra salud.