El mundo desde el reverso

ARTÍCULOS DE OCASIÓN

Tengo un amigo que durante años quiso abrir una empresa que se llamara Le Aplicamos Su Propio Tratamiento. El modelo de negocio era sencillo y eficaz, pero nunca puso en pie su proyecto. El mecanismo consistía en que cualquier persona podía entrar en una de estas oficinas repartidas estratégicamente por la ciudad y durante media hora se le aplicaba una sesión de su propia medicina. Durante unos minutos se le preguntaba por asuntos ajenos y sus recetas para solucionarlos. Las preguntas oscilaban entre cuestiones de costumbres, política, sociedad y hasta problemas mundiales. Finalmente, una vez trazado el perfil del cliente para encarar asuntos que no le concernían directamente, se le propinaba una ración inflexible de sus propias recomendaciones y criterios aplicadas a sí mismo. Era una terapia reversible, donde uno pasa de terapeuta a paciente sin solución de continuidad. Me temo que mi amigo nunca se decidió a abrir su empresa de servicios porque sabía que lo que funciona como idea abstracta luego no puede aplicarse en la realidad, más que nada porque la gente paga para que no le importunen y no por lo contrario. Es falso eso de que el cliente siempre tiene la razón, lo que tiene es el derecho a perseguir aquello que más le conviene.

Sin embargo, la terapia de choque que mi amigo proponía habría reportado una notable mejoría al mundo en el que vivimos. Las mal llamadas ‘redes sociales’ han acelerado muchas cosas, desde sacar entradas a reservar hotel o ligar, pero también han acelerado y dotado de eco global inmediato a otras como la expansión de la chorrada, la indignación y el arte de increpar, hasta ahora reservadas a la taberna o la reunión organizada. Cuando veo a gente escandalizarse por algo publicado en esas redes, recomiendo ser piadoso con quien habla sin pensar. Recuerdo que en una cena alguien hablaba mal de los críticos y Fernán Gómez intervino para reconvenirle. Dijo: no hables mal de los críticos, porque un tipo para hacer una película o una novela o una obra de teatro se pasa varios años de escritura, corrección y elaboración, en cambio el crítico va a ver la película, lee la novela o presencia la obra de teatro y a la media hora ya está escribiendo la reseña para el día siguiente. Si la mayoría de las películas, novelas y obras de teatro salen mal, pese al tiempo del que se ha gozado para llevarlas a cabo, es normal que las críticas en general sean pésimas, puesto que tienen el mérito de estar redactadas a todo meter.

Qué bien nos venía siempre un poco de esa medicina de Fernán Gómez en las sobremesas. Algo que consistía, sencillamente, en darle la vuelta al calcetín de los tópicos. En observar tu propia actitud, tu propia opinión, tus propias convicciones heredadas sin esfuerzo y replanteártelas desde la óptica opuesta. Muchas cosas no soportarían un ejercicio de reversibilidad. Por eso cuando oigo a un escritor decir que ya no hay líderes políticos como los de antaño, me imagino que alguien le responde que ya no hay autores literarios como los de antaño. Cuando escucho a un entendido decir que la sociedad de consumo ha llegado a su límite y será incapaz de resistir, siempre pienso que he ahí alguien intentando vender otro libro para contribuir a esa saturación del mercado de consumo. Ah, y cuando escucho a alguien presagiar el apocalipsis, no puedo evitar pensar que él, en el fondo, anhela ese apocalipsis para no tener que morirse a solas, como hacemos casi todos, sino llevarse al lado todo el universo tal y como lo conocemos.

En la política es muy habitual que las declaraciones de indignación y las peticiones de dimisiones solo se efectúen hacia los rivales. Un poco como en el fútbol, donde solo se ven los arbitrajes injustos si son en tu contra. Por eso, cada vez en más programas se desempolvan las opiniones de alguien un mes atrás, cuando se indignaba contra un rival por motivos que ahora justifica en su defensa de un aliado. El mundo es muy divertido si lo miras desde el reverso. Por eso aplicarse a uno mismo el arrebato es siempre la mejor fórmula para saber si tiene sentido soltarlo en público referido a otro.